Foto tomada desde el mirador de Camarmeña

Foto tomada desde el mirador de Camarmeña

Potrillo nacido en la aldea

Potrillo nacido en la aldea

Potrillo nacido en la aldea

Potrillo nacido en la aldea

VISTAS REALES DESDE LA CASA

VISTAS REALES DESDE LA CASA

VISTAS REALES DESDE LA CASA

VISTAS REALES DESDE LA CASA

vistas reales desde el cenador de Casa Maru

vistas reales desde el cenador de Casa Maru

CAMARMEÑA

En un paisaje de ensueño, entre elevadísimas peñas, a los pies del majestuoso Naranjo de Bulnes y sobre el Desfiladero del Cares, se alza desafiante la coqueta aldea de Camarmeña. Este pequeño enclave asturiano, perteneciente al famoso concejo de Cabrales, tiene el privilegio de gozar de una ubicación ideal para conocer el oriente asturiano, sin sufrir la masificación turística de otras localidades. Camarmeña es uno de los cuatro pueblos asturianos junto con Sotres, Tielve y Bulnes que se encuentran dentro del Parque Nacional de Picos de Europa.

Un alojamiento rural con vistas al paraíso.

Para alcanzar Camarmeña y vislumbrar sus casas de piedra ancladas a la roca, hay que subir una corta, pero empinada y sinuosa carretera de montaña, que si se hace andando revitaliza y si se hace en automóvil desafía a la física. Hágase como se haga, la meta compensa con creces el esfuerzo. La carretera, tras 9 curvas épicas, nos deja a la entrada de un pueblo que sorprende por su verticalidad y que regala al visitante las vistas más apreciadas del Naranjo de Bulnes o Picu Urriellu, como lo llaman los lugareños. Basta asomarse a su mirador, construido por veteranos montañeros en honor al Naranjo y a la gesta de su conquista, para disfrutarlas.

Los huéspedes de Casa Maru, desde la tranquilidad y serenidad que ofrece el cenador de la vivienda, pueden disfrutar de un atardecer único, en el que el capricho de la naturaleza tiñe de múltiples colores la cara visible del Naranjo de Bulnes. Una experiencia imborrable y muy recomendable.

En un pueblo cabraliego, al pie de la montaña...

Camarmeña es muy pequeño, pero con encanto. Su topónimo refiere al abundante agua que discurre a sus pies y algunos historiadores datan el origen de la aldea antes del año 800. Camarmeña tiene tan solo 11 habitantes y unas pocas casas que salpican el paisaje rocoso de abrumadora belleza. Por sus características pocos son los vehículos que pueden aparcar en el pueblo. De ahí, que muchos de sus visitantes lleguen a pie. Unos para finalizar su ruta en la aldea, otros para tomarla como punto de partida de rutas más ambiciosas por las montañas de la zona. Los huéspedes de Casa Maru podrán dejar su vehículo en el aparcamiento reservado para los clientes y, una vez allí, visitar los alrededores sin miedo a perderse por caminos y majadas. Para quienes quieran disfrutar plenamente su estancia y paseos, ponemos a su disposición guías expertos en la zona.

Un paseo por el pueblo.

Para descansar de una jornada de actividad, nada mejor que caminar tranquilamente por las empedradas calles del pueblo, acercarse a la austera iglesia medieval de San Pedro de Camarmeña y observar a las ardillas que se atreven a mostrarse por los alrededores. Para finalizar el día disfrutar de las vistas al Naranjo de Bulnes, bien tomando unos culines de sidra en la terraza del bar Casa Lobeto, bien degustando unos platos cabraliegos en el restaurante del pueblo La Fuentina.

Camarmeña es para los propios asturianos un lugar por descubrir; para el visitante será un lugar que disfrutar y recomendar.

 

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